La Semana Santa de Andorra vuelve a reunir estos días a la familia Planas Bielsa en torno a una tradición que, en su caso, se transmite de generación en generación y se vive como una parte inseparable de su identidad. Vinculados a la Cofradía de San Juan, los Planas Bielsa han hecho de estas fechas un punto de encuentro familiar y también un compromiso que se mantiene vivo desde hace décadas.
En la casa familiar, situada en el casco antiguo de Andorra, a pocos pasos de la Fuente de los Tres Caños, la celebración se organiza con una liturgia propia. Begoña Planas, junto a su marido Javier García y sus hijas Clara y Elia García, comparte estos días con su hermana M.ª Ángeles Planas y con Alberto Blasco, en torno a Mercedes Bielsa, madre de Begoña y M.ª Ángeles, figura clave en la continuidad de la tradición. En esta familia, la pertenencia a la cofradía se transmite por línea materna y solo los miembros del clan pueden ser cofrades, mientras que los hombres participan como acompañantes.
La Semana Santa se convierte así en una cita marcada por costumbres que se repiten cada año. Antes de vestirse para las procesiones, no falta la merienda de torta con chocolate, una tradición heredada de los abuelos. También se mantienen las comidas de las 14.00 horas, el descanso previo a la actividad de la tarde y las cenas rápidas entre actos, con el bocadillo de calamares como clásico del Viernes Santo.
Uno de los momentos más emotivos llega durante el Jueves Santo, justo antes de que se Rompa la Hora. En el primer redoble, la familia mira siempre al cielo en recuerdo de Ángel Planas, fallecido en 2010, a quien atribuyen el impulso de la afición por el tambor entre hijas y nietas. Fue él quien transmitió la pasión por la Semana Santa y quien participó en la Escuela de Tambores, dejando una huella que aún hoy se percibe en la familia y en los grupos en los que han participado, como Los Salesianos, La Estación o La Seleccionadora.
Para los Planas Bielsa, el vínculo con la Semana Santa se entiende como un legado compartido. La cofradía llegó por la madre y el tambor por el padre, y las nuevas generaciones han asumido ese testigo con naturalidad. La celebración forma parte de su vida en Andorra y no la conciben fuera de la localidad, donde cada año siguen participando en todos los actos con la misma entrega.
Detrás de cada procesión hay también un trabajo silencioso que recae especialmente en Mercedes, encargada de coser túnicas, prepararlas, ordenarlas y dejar a punto los tambores. En la casa familiar, los días de Semana Santa se llenan de túnicas, correas, prisas y carreras de última hora, en un ambiente de organización improvisada que, lejos de deslucir la experiencia, forma parte de la memoria afectiva de todos ellos.
Entre gritos, risas y recuerdos de la infancia, la familia mantiene intacto un modo de vivir la Semana Santa que se alimenta de la convivencia y de los vínculos compartidos. En Andorra, la tradición de los Planas Bielsa sigue sonando con fuerza, especialmente en un portal de la calle Elías Capapé donde la herencia familiar continúa marcando el ritmo de cada primavera.
Deja una respuesta