La plaza de la Villa de Híjar ofrece cada Jueves Santo uno de los escenarios más singulares y codiciados de toda la Semana Santa aragonesa. Su planta cuadrada y la abundancia de balcones y ventanas convierten este espacio en un mirador privilegiado para contemplar el momento más esperado del año en la localidad: el instante en que, a las 00.00, el silencio da paso al estruendo de tambores y bombos durante el Romper la Hora.
El Ayuntamiento de Híjar reserva cada año cinco plazas para vecinos empadronados que desean seguir el acto desde un balcón con vistas directas a la plaza. El acceso se adjudica mediante sorteo, un procedimiento similar al de la designación de miembros de mesa electoral y abierto a personas de cualquier edad. En muchos casos, los propios beneficiarios desconocen que han sido seleccionados hasta que reciben la llamada municipal, momento que a menudo interpretan como una broma.
La posibilidad de ceder el turno a un familiar ha permitido que varias generaciones puedan disfrutar de esta experiencia. Es el caso de Josefina Casaled, que en 2024 ocupó el lugar que inicialmente había correspondido a su hija. Acudió acompañada por su nieta, entonces de seis años, y recuerda una noche especialmente emocionante. “Siempre lo había visto desde abajo, pero tuvimos la oportunidad y me subí con mi nieta pequeña”, explica. Asegura que el momento en que empezó a sonar la plaza fue sobrecogedor y que el balcón “entero se puso a temblar”.
Una situación parecida vivió Ana Cidraque en la edición de 2025. En su caso, el sorteo también recayó en su hija, que con 11 años prefirió estar en la plaza junto a sus amigas y con su tambor. Fueron Ana y su marido quienes subieron finalmente al balcón. Recuerda además que no era la primera vez que vivía el acto desde arriba, ya que en su infancia pudo ver desde las alturas a su padre llegar al centro de la plaza como responsable de romper el silencio a medianoche.
Ambas coinciden en que la experiencia es única, aunque también muy concurrida. Josefina recuerda que, pese a llegar pronto, el balcón se fue llenando hasta dejar poco espacio para moverse. Ana, por su parte, señala que aquel año coincidió con la presencia de autoridades y con la retransmisión televisiva del acto, lo que incrementó aún más la afluencia. Aun así, ambas conservan con cariño el recuerdo de esa noche y las imágenes que familiares y amigos inmortalizaron desde otros balcones de la plaza.
Las dos mujeres representan una generación que vivió la Semana Santa de Híjar desde un contexto muy distinto al actual. En su juventud, explican, muchas mujeres no podían participar en las procesiones ni tocar en igualdad de condiciones. Hoy, sin embargo, sus hijas y nietas forman parte activa de los actos más importantes de la localidad, desde las procesiones hasta el Romper la Hora, pasando por otras citas emblemáticas del tambor y el bombo. Para ellas, ver cómo las nuevas generaciones sí tienen esa oportunidad es motivo de orgullo.
Más allá de la vista privilegiada, ambas recuerdan con humor que uno de los momentos más agradables de la jornada llega después, cuando los vecinos pasan por una de las salas del Ayuntamiento para la tradicional foto y pueden disfrutar de un pequeño catering con pastas y café. Un cierre amable para una noche marcada por la emoción, el ruido y la devoción que cada año sitúan a Híjar en el centro de la Semana Santa de Aragón.
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