En Urrea de Gaén, el sonido del tambor no se entiende solo como una tradición de Semana Santa, sino como un vínculo familiar y vecinal que atraviesa generaciones. Así lo vive la familia Tena, para la que cada palillazo guarda el recuerdo de la abuela Carmen, una de esas mujeres que hicieron hueco a su manera en una celebración en la que no siempre fue fácil abrir camino.
Belén recuerda con especial cariño la imagen de su abuela tocando con guantes y gafas de sol. “El primer recuerdo que tengo de pequeña respecto al tambor es verla así”, explica, entre risas compartidas con su hermana Ana. En casa, todos coinciden en que Carmen transmitía mucho más que destreza: transmitía entusiasmo. “Saber tocar era lo de menos; lo importante era la ilusión que le ponía”, señala Manuel, que como sus hermanos ha heredado esa afición casi sin saber por qué.
En la familia Tena, el tambor es sinónimo de convivencia, de reencuentros y de pueblo. El Viernes Santo, la ayuda se reparte entre peanas, procesiones y preparativos; el Sábado Santo, las rondas por las calles se convierten en un punto de encuentro entre niños, jóvenes y mayores. También hay espacio para los pequeños piques entre cuadrillas, en una celebración que, aseguran, devuelve cada año la sensación de que todo vuelve a encajar.
El recuerdo de Carmen se mezcla además con el de otras familias de Urrea estrechamente ligadas a la vida local, como la de José Guiral, fallecido el 18 de marzo, a quien los Tena reconocen como parte fundamental del tejido humano y asociativo del municipio. “Si hablamos de familias implicadas en la Semana Santa y en todo lo que necesita el pueblo, esa es la de José”, subrayan, en referencia a una labor silenciosa que durante el año sostiene muchas de las actividades del municipio.
Esa cadena de generaciones es la que ahora continúa en los más pequeños. Asier, de 4 años, y Ana, que cumplirá 7 en Viernes Santo, empiezan a vivir la Semana Santa desde dentro. Su madre les acompaña a las clases de tambor para los más pequeños, donde comparte enseñanza con Jorge, otro padre del municipio. Belén toca además con la cuadrilla que representa a Urrea en las exaltaciones de la Ruta del Tambor y Bombo, grupo en el que participó también su hermana Ana hasta que el traslado de esta a Zaragoza complicó los ensayos.
En un pueblo de apenas 400 habitantes y con casi una decena de peanas, la colaboración vecinal resulta imprescindible. “Quedan horas para todo, pero si hay que sacar peana, se saca”, resume Belén. Manuel lo completa con una idea que, en Urrea, se repite cada Semana Santa y durante todo el año: “Aquí hay gente muy implicada en todo, y gracias a ellos se hacen cosas muy grandes”.
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