La Fresneda volvió a convertirse durante el fin de semana de Sábado Santo y Domingo de Resurrección en un gran escaparate de antigüedades, artesanía, oficios y productos de todo tipo, con calles repletas de visitantes y un ambiente constante de compra, conversación y curiosidad. La XXVI Feria de Antigüedades, Artes, Oficios, Monedas y Billetes llenó la localidad turolense de gente llegada de la comarca, de distintos puntos de Aragón y, principalmente, de Cataluña, en una cita ya consolidada que mantiene vivo el legado de Ramón Celma, impulsor de esta muestra hace 26 ediciones.
Su recuerdo sigue muy presente en la feria. Frente a su casa continúa instalándose la parada que él ocupaba, ahora atendida por su familia, que conserva a la vista parte de sus objetos para quienes desean adquirir alguna de sus piezas. La esencia de aquel proyecto continúa marcando el pulso de un fin de semana que, año tras año, da más protagonismo a La Fresneda como punto de encuentro para coleccionistas, curiosos y amantes de las antigüedades.
Uno de los rincones más concurridos fue el puesto que recuerda el histórico cartel de Barcelona’92, donde Montse Gándara, nuera de Celma, destacó la buena respuesta del público. Según explicó, este sábado el paso de gente fue especialmente intenso, con una afluencia que consideró “brutal”. También subrayó el valor sentimental de mantener viva la tradición familiar, algo que muchos feriantes reconocen al acercarse y compartir anécdotas vinculadas al fundador.
La edición de este año ha reunido 120 puestos, con presencia de vendedores de la zona, de diferentes puntos de Aragón y de Cataluña. La oferta ha incluido desde herramientas, juguetes, muebles y discos hasta piezas de coleccionismo, además de artesanía y demostraciones en directo. Cestería, cuero y pintura han sido algunas de las técnicas que el público ha podido ver de cerca e incluso probar.
La feria también reservó espacio para los más pequeños. Entre las actividades organizadas destacó un taller de dibujo de aves al natural, con Paquita, un águila harris, como modelo. El naturalista, ilustrador y caricaturista Carlos Enríquez guio la actividad y valoró la creatividad de los niños, además de definir el entorno y la feria como un espacio acogedor e interesante.
A lo largo de la calle principal, desde la plaza Mayor hasta la plaza del Pilar, el movimiento fue constante. Los puestos atrajeron a visitantes que miraban, comparaban y preguntaban, mientras otros cerraban compras, especialmente de muebles. Entre los expositores, Silvia Salas, de Erla, acudió por primera vez a La Fresneda con su proyecto Alma de Colibrí, dedicado a la restauración y creación de piezas a partir de muebles antiguos. Salas aseguró que el balance fue positivo, especialmente por haber vendido creaciones propias surgidas de su trabajo de restauración.
También llamó la atención el puesto de Marta Piquer, llegada desde Alcañiz junto a su familia para mostrar artículos de su padre Vicente. Vestidos de época, rindieron homenaje a su legado en una primera participación en esta feria que, en su caso, tuvo además un valor emocional. Piquer recordó que su padre acudía habitualmente a este tipo de citas y no descartó que algunas de las piezas expuestas hubieran pasado en su día por la propia feria de La Fresneda.
El ambiente se mantuvo animado durante toda la jornada gracias también al pregonero, que recorrió la feria anunciando ofertas con su trompetilla y ayudando incluso a los escolares que vendían libros y material de fin de curso. Su presencia se convirtió en uno de los reclamos más fotografiados del evento antes de dar por clausurada la edición al final del Domingo de Resurrección.
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