Las trabajadoras de la limpieza plantan cara a un modelo que invisibiliza lo imprescindible

En la provincia de Zaragoza, cerca de 10.000 personas se dedican a la limpieza de edificios y locales, una actividad esencial que sostiene el funcionamiento cotidiano de escuelas, oficinas, centros sanitarios y otros espacios públicos y privados. La mayoría son mujeres que encadenan contratos parciales y afrontan jornadas marcadas por la precariedad, salarios bajos y una carga física que, con el paso del tiempo, deteriora seriamente su salud.

Se trata de un sector imprescindible pero habitualmente invisible, cuya labor solo suele reconocerse cuando deja de hacerse. Las trabajadoras de la limpieza denuncian precisamente esa paradoja: un trabajo que mantiene en pie la vida diaria, pero que continúa relegado a un segundo plano en términos sociales, laborales y económicos.

En Aragón, especialmente en Zaragoza, estas profesionales reclaman una mayor dignidad para un empleo feminizado y castigado por la temporalidad, la sobrecarga y la falta de reconocimiento. Su situación refleja una realidad extendida en muchos servicios considerados básicos, pero todavía poco valorados, pese a su papel decisivo en el funcionamiento de la sociedad.

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