Más de 200 hombres mantienen viva la romería del Llovedor en Castellote

Castellote volvió a vivir este 1 de mayo una de sus tradiciones más arraigadas con la romería del Llovedor de los hombres, que reunió a más de 200 participantes en el recorrido entre el casco urbano y la ermita de la Virgen del Agua. La jornada se desarrolló con normalidad y en un ambiente de convivencia, según destacó el vicepresidente de la cofradía, José María Giner Carcelero, quien subrayó que la meteorología acompañó durante casi todo el día.

La celebración arrancó a primera hora con una misa en la iglesia del pueblo, tras la que los romeros se organizaron por cuadrillas antes de iniciar la procesión hacia la ermita sobre las diez de la mañana. Allí se celebró la asamblea anual de la cofradía, en la que se repasaron altas y bajas, el estado de cuentas, las actuaciones realizadas y las propuestas de los cofrades. Este año también se renovó la junta directiva, que quedó integrada en paridad por cuatro hombres y cuatro mujeres.

La presidenta de la cofradía, Pilar Sangüenza, forma parte de una estructura que ha incorporado a las mujeres en la dirección, aunque la romería mantiene su carácter tradicional. Tras la misa de difuntos al mediodía, la jornada continuó con la comida en el entorno de la ermita y una procesión vespertina hasta el pocico de San Juan. Desde allí, los romeros regresaron al pueblo para uno de los momentos más simbólicos: el rezo en el cementerio y la subida al calvario con antorchas al anochecer.

En paralelo, las mujeres celebraron su propia romería, de modo que ambas procesiones confluyeron en el tradicional encuentro en la plaza y en la posterior cita en la iglesia. Detrás de cada detalle hubo un intenso trabajo organizativo para preparar la ermita, la megafonía, las antorchas y coordinar los distintos actos.

La romería del Llovedor tiene su origen en la petición de lluvia en tiempos de sequía, aunque este año el sentido fue distinto. “Como ha llovido bastante, lo que hemos hecho es dar las gracias”, explicó Giner. La tradición, vinculada a la aparición de la Virgen del Agua en el paraje del Llovedor y a la construcción posterior de la ermita, se ha mantenido durante siglos como un acto de fe y agradecimiento ligado al ciclo agrícola.

La participación, superior a los 200 hombres, confirma el arraigo de una celebración que sigue reuniendo a vecinos y personas vinculadas al municipio. Con el cierre de la jornada y el tradicional beso a la Virgen, Castellote despidió una de sus festividades más significativas hasta el próximo año.

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