Miles de tambores y bombos volvieron a romper la medianoche en la Ruta del Tambor y Bombo del Bajo Aragón, donde siete de sus nueve localidades vivieron con intensidad el arranque de la Semana Santa tras meses de espera. Albalate del Arzobispo, Alcorisa, Andorra, Híjar, La Puebla de Híjar, Samper de Calanda y Urrea de Gaén transformaron sus plazas en un estallido de sonido y emoción, en una tradición reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial y declarada Fiesta de Interés Turístico Internacional.
En Albalate del Arzobispo, la plaza se llenó hasta los bordes antes de la medianoche y el momento se vivió con máxima tensión hasta que la alcaldesa, Celia Trullen, bajó el pañuelo blanco y dio paso al estruendo. El repique de tambores abrió una noche que se prolongó por las calles y que enlaza con la procesión de madrugada con la matraca.
Alcorisa vivió una imagen similar en la plaza de los Arcos, que pasó de la calma al lleno absoluto en pocos minutos. A las puertas del Ayuntamiento, las autoridades recordaron la anécdota de un año en el que se llegaron a extraviar las llaves consistoriales antes de Romper la Hora. Esta vez, con el toque de corneta y la bajada de la vara de mando, el silencio quedó atrás y la plaza respondió con fuerza.
En Andorra, la jornada contó con la presencia del actor y humorista aragonés Jorge Asín, invitado al acto desde el balcón de la Casa Parroquial junto al alcalde, Rafa Guía. La plaza reunió a miles de personas entre túnicas negras y el sonido constante de tambores y bombos, pese al frío y al viento que azotaron la villa minera. La expectación creció hasta el instante del inicio, cuando el propio Asín se sumó al ritmo del bombo.
Híjar mantuvo la tradición en una plaza España abarrotada y con el viento contenido, aunque menos agresivo que en otras localidades del entorno. El alcalde, Jesús Puyol, marcó el inicio del acto desde el centro de la plaza, ante una multitud que aguardaba en silencio. Cada golpe resonó con fuerza y abrió una noche marcada por la emoción y por el arranque de la fiesta del tambor.
La Puebla de Híjar vivió también una noche multitudinaria. El primer mazazo al bombo gigante lo dio Paco Pastor, presidente del Consorcio Nacional, en representación de la asociación que recibió ese mismo Jueves Santo el Tambor de Honor del Ayuntamiento. La plaza se llenó en los minutos previos a medianoche y el ambiente se calentó de inmediato pese al frío. La intensidad fue tal que incluso se rompió el parche del tambor que portaba Pastor.
En Samper de Calanda, los asistentes aguardaron en silencio el repique de las campanas antes de que los alabarderos Adrián y Alejandro abrieran el toque con sus cornetas. A partir de ahí, el sonido de tambores y cornetas se extendió por la plaza España y acompañó después el camino hacia el Calvario, donde la Bajada de las Imágenes puso el broche a una noche de gran emoción.
Urrea de Gaén concentró las miradas en el ‘Campanico’ de la iglesia, cuya campana marcó el inicio de Romper la Hora. Con la plaza llena de túnicas negras y la iluminación especial de la retransmisión televisiva, el pueblo entero respondió al unísono cuando llegó la medianoche. Poco después arrancó la procesión, organizada con la participación de los más pequeños y con el recorrido adaptado al interior del casco urbano por las fuertes rachas de viento.
Mientras Alcañiz guardaba silencio con su procesión de Jueves Santo, el resto de localidades de la Ruta mantuvo el pulso de una tradición que sigue reuniendo a vecinos, descendientes y visitantes en torno al sonido común del tambor y el bombo. Tras la medianoche, los actos continuaron en distintos puntos del Bajo Aragón Histórico, como la procesión de las Antorchas en Andorra o la de los Rosarieros en Híjar, que suele prolongarse hasta la madrugada.
La Semana Santa del Bajo Aragón continuará este Viernes Santo con la Rompida de la Hora de Calanda al mediodía, seguida de 26 horas ininterrumpidas de toque, y con el regreso del sonido de los tambores a Alcañiz en la procesión del Pregón. Las localidades de la Ruta afrontan así unos días de máxima afluencia y reencuentro, en los que el turismo de raíces y la devoción vuelven a llenar calles y plazas de la comarca.
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