El Primero de Mayo vuelve a servir como fecha para recordar a quienes pagaron con su vida la conquista de la jornada de ocho horas, una reivindicación nacida en la lucha obrera de Chicago y que sigue formando parte de la memoria del movimiento sindical. Pero esta jornada también remite a otra efeméride decisiva en la historia social de Aragón y del conjunto del Estado: el 1 de mayo de 1855 se aprobó la ley de desamortización de Madoz, una norma que aceleró la pérdida de los bienes comunales que aún sobrevivían, sobre todo en el medio rural.
Aquel proceso legislativo abrió la puerta a la venta y apropiación de tierras, montes y otros recursos colectivos, en beneficio de las élites económicas del momento. En Aragón, como en otros territorios, la medida supuso un golpe profundo sobre formas de vida y de gestión comunitaria que habían sostenido a muchas localidades durante generaciones.
La desamortización consolidó la concentración de riqueza en pocas manos y debilitó las bases materiales de los pueblos, facilitando una acumulación capitalista que transformó el paisaje agrario y social. En una fecha marcada por la reivindicación laboral, conviene también recordar cómo determinadas decisiones políticas históricas contribuyeron a desplazar lo común hacia la lógica del beneficio privado.
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