La III Carbón Trail de Utrillas ha alcanzado este sábado un nuevo techo de participación con 438 corredores, una cifra que convierte a esta cita deportiva de la localidad turolense en la más concurrida desde su creación. El crecimiento ha sido constante desde su estreno, cuando reunió a 190 participantes, hasta la segunda edición, con 270, y este año ha superado con amplitud todas las previsiones. “La gente ha valorado la carrera y por eso hemos tenido mucha afluencia”, señaló Ángel Lorente, director de la Utrillas Carbón Trail.
La prueba contó con tres distancias competitivas, de 10, 15 y 24 kilómetros, además de una andada popular pensada para quienes prefirieron disfrutar del recorrido sin carácter competitivo. En la distancia reina, de 24 kilómetros, Marcos Pascual se impuso en categoría masculina y Raquel Salvador hizo lo propio en femenina. En el trazado intermedio de 15 kilómetros, el triunfo masculino fue para Nahum Calaceit, de Calanda, mientras que Berta Comeras se llevó la victoria femenina. En los 10 kilómetros, los más rápidos fueron Carlos Pitarque y Noa Montserrat, ambos del Matarraña Team, en sus respectivas categorías.
La organización repartió más de 120 premios entre los inscritos mediante sorteo, además de 72 trofeos destinados a las distintas clasificaciones generales y máster, tanto masculinas como femeninas. Los ganadores recibieron también obsequios gastronómicos: un jamón para el primer clasificado, un queso para el segundo y un chorizo para el tercero. Todos los corredores que subieron al podio se llevaron igualmente arroz y cerveza Ambar 00.
Una de las principales novedades de esta edición ha sido la gestión íntegramente local de la prueba. Por primera vez, la Carbón Trail no estuvo en manos de una empresa externa, sino que la organización recayó en el Ayuntamiento de Utrillas y en la asociación deportiva Titanes del Carbón. “Formamos en julio la asociación y apostamos por realizar nosotros mismos la carrera”, explicó Lorente, que subrayó además las dificultades económicas que suponía asumir el coste del montaje que exigía la empresa encargada en años anteriores.
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