Carmen Mateo, farmacéutica rural: «Abrir la farmacia en Torrecilla era un sueño. En la ciudad eres invisible, pero para un pueblo lo eres todo»

Carmen Mateo lleva año y medio al frente de la farmacia de Torrecilla de Alcañiz y asegura que ejercer como farmacéutica rural ha superado sus expectativas. La joven, que llegó al municipio casi por casualidad, reconoce que abrir una botica en el medio rural fue una oportunidad que no quiso dejar pasar y que le permitió cumplir un sueño que arrastraba desde la infancia.

«En la ciudad eres invisible, y para el pueblo lo eres todo», resume Mateo, que desde que abrió la farmacia se ha integrado plenamente en la vida del municipio. La relación diaria con los vecinos ha convertido su trabajo en algo más que un servicio sanitario. «Soy psicóloga, amiga… de todo. La gente viene, se desahoga, y a mí esa cercanía me parece preciosa», explica.

Su vocación nació en casa, impulsada por la figura de su abuela, que acompañaba al médico del pueblo para ayudar a quienes lo necesitaban. «Poder dedicarse a ello profesionalmente era su sueño… y al final terminó transmitiéndomelo», recuerda Carmen, convencida de que aquella referencia familiar marcó su camino.

La posibilidad de instalarse en Torrecilla de Alcañiz llegó por el boca a boca. No tenía la opción de hacerse con una farmacia por herencia ni de abrir una desde cero en otras condiciones, pero no dudó en aceptar. «Me lancé sin pensármelo dos veces», afirma. Desde entonces, su presencia en el pueblo ha sido constante y reconocida por los vecinos, que la consideran ya una más.

Mateo sabe que su caso no es habitual en un sector que afronta el reto del relevo generacional, especialmente en el medio rural. Mantener viva una farmacia fuera de las ciudades exige esfuerzo y creatividad. «No nos vienen todos los comerciales que puede recibir una farmacia de ciudad, tenemos que salir a buscarnos esas opciones», señala.

Para diferenciar su servicio, ha apostado por áreas como el dermoanálisis y la salud capilar, propuestas que ya atraen a usuarios de localidades cercanas. «Vienen muchos vecinos de pueblos cercanos para recibir tratamientos. Para mí ya supone un logro importante», celebra. También trabaja su presencia en redes sociales, donde observa con satisfacción que cada vez son más las jóvenes farmacéuticas que se abren camino.

Su labor fue reconocida hace un mes en la Gala de la Mujer Bajoaragonesa, un homenaje a las mujeres que sostienen la vida de los pueblos. Aun así, el afecto continúa de forma cotidiana. «Una vez me trajeron un ramo de flores. También me han regalado bolsas de alcachofas… cualquier gesto lo significa todo para mí. Cuentan conmigo para todo», concluye.

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