La evolución demográfica del Bajo Aragón Histórico dibuja un mapa desigual, pero con un dato que rompe la inercia de las últimas décadas: desde la pandemia, casi la mitad de los municipios han logrado ganar vecinos o, al menos, mantener sus cifras de población. Según los últimos datos del padrón publicados por el INE, correspondientes a 2025, cerca de medio centenar de localidades presentan crecimiento o estabilidad, una tendencia que contrasta con el retroceso sostenido que arrastraba el territorio.
El cambio se aprecia especialmente en los últimos años y se explica, en parte, por la expansión del teletrabajo y por el atractivo creciente de los entornos rurales y abiertos. Aun así, el comportamiento no es uniforme y conviven municipios en recuperación con otros que siguen perdiendo residentes.
Alcañiz encabeza el crecimiento. La capital del Bajo Aragón Histórico ha pasado de 16.006 habitantes en 2020 a 16.505 en 2025, lo que supone 499 vecinos más y un incremento del 3,12%. En el último año, además, ha sumado 258 empadronados. El Ayuntamiento trabaja ahora para consolidar ese papel tractor con la llegada de nuevas empresas y el refuerzo de las ya implantadas, como Oxaquim o GB Foods. “Estamos trabajando para favorecer la llegada de empresas para que se cree empleo y arraigo”, señala el alcalde, Miguel Ángel Estevan.
También otras cabeceras comarcales muestran una evolución positiva. Valderrobres gana 120 habitantes en cinco años, Caspe suma 339 y Utrillas añade 63. En el caso de la capital del Matarraña, el crecimiento se acompaña de una actividad económica al alza y de oportunidades ligadas al turismo y al polígono industrial, cuyas parcelas están ya vendidas. “Hay movimiento de empresas que quieren venir”, explica su alcalde, Carlos Boné.
La recuperación alcanza asimismo a municipios medianos y pequeños con incrementos moderados pero sostenidos. Fayón, Aguaviva, Valdeltormo, Fuentespalda, Beceite, Maella, Urrea de Gaén, Aliaga o La Puebla de Híjar figuran entre las localidades que han aumentado su población desde 2020. En esta última, el censo encadena siete años de subida y aspira a alcanzar los 1.000 habitantes. “Supondría mayores ayudas y también demostrar el trabajo bien hecho”, afirma su alcalde, Pedro Bello.
En varios de estos pueblos el repunte demográfico va acompañado de nuevos servicios. Urrea de Gaén ha visto abrir una peluquería y Fayón ha recuperado actividad en el bar de La Sociedad. “Nos alegramos mucho de que jóvenes apuesten por abrir servicios”, destaca la alcaldesa de Urrea, Silvia Blasco. En Maella, la llegada de nuevos vecinos vinculados al teletrabajo también contribuye a consolidar la tendencia. “Valoramos de forma muy positiva que vengan a vivir aquí”, apunta su alcaldesa, Mireia Bondía.
Entre los municipios más pequeños, cualquier incorporación se traduce en fuertes porcentajes de crecimiento. Es el caso de Ráfales, Bordón, Segura de los Baños, Salcedillo, La Cuba o Jatiel. En algunos casos, la subida es tan ajustada que una o dos familias marcan la diferencia en la estadística.
Junto a los que crecen, también hay pueblos que mantienen exactamente su población respecto a 2020. Fabara, Cantavieja, Cañada Vellida, Josa y Seno no registran cambios en el padrón. Otros, como Castelserás, Cretas o Híjar, presentan variaciones muy leves y reflejan una estabilidad práctica.
La otra cara de la moneda sigue siendo Andorra, una de las localidades más golpeadas por la transición energética en la zona. En cinco años ha perdido 122 habitantes, al pasar de 7.345 en 2020 a 7.223 en 2025. Es el mayor descenso en términos absolutos del territorio analizado y refleja el impacto del cierre de la Central Térmica y la ausencia de una reindustrialización suficiente. Aunque la caída es algo más suave en el último año, la tendencia sigue siendo negativa.
Ariño también acusa ese desgaste demográfico, con 109 vecinos menos en el último lustro. Albalate y Montalbán registran igualmente descensos, mientras que Calanda ofrece un matiz distinto: pierde población en la comparación con 2020, pero en el último año computado por el INE recupera vecinos. Su Ayuntamiento trabaja en la captación de nuevas familias para frenar el retroceso. “Vemos que falta mano de obra y estamos inmersos en un proyecto para buscar personas que quieran venir a vivir al pueblo”, afirma su alcalde, Alberto Herrero.
Otros municipios como Castellote, Alacón, Alloza o Valdealgorfa también presentan pérdidas en el padrón, aunque con intensidades distintas. En Valdealgorfa, el Consistorio confía en que los programas experienciales contribuyan a fijar población y a sostener la actividad local.
El balance deja así un Bajo Aragón Histórico dividido entre la recuperación de buena parte de sus pueblos y la persistente sangría demográfica de las zonas más castigadas por la pérdida industrial. La fotografía general, no obstante, apunta a un cambio de ciclo: por primera vez en años, son muchos los municipios que resisten o crecen.