Categoría: Actualidad

  • Un investigador de la Universidad de Zaragoza, reconocido entre las mejores tesis del mundo en realidad virtual

    Un investigador de la Universidad de Zaragoza ha sido distinguido entre las mejores tesis del mundo en el ámbito de la realidad virtual. Daniel Martín ha recibido una mención honorífica en los premios del IEEE VGTC por un trabajo centrado en la atención visual en entornos inmersivos, un reconocimiento concedido tras un proceso de selección internacional especialmente competitivo.

    La distinción refuerza la proyección del Instituto de Investigación en Ingeniería de Aragón (I3A) y del Graphics & Imaging Lab, que consolidan así su papel como referentes en el campo de la realidad extendida. El galardón sitúa a la investigación aragonesa en una posición destacada dentro de la escena académica internacional y subraya la calidad del trabajo desarrollado en la Universidad de Zaragoza.

  • Huesca selecciona 77 cortos para su festival con talento Oscar y 38 óperas primas

    El 54º Festival Internacional de Cine de huesca reunirá entre el 5 y el 13 de junio a cineastas premiados y nuevas voces llegadas de 26 países, en una edición que consolida a la capital altoaragonesa como una de las grandes plataformas internacionales del cortometraje y las óperas primas.

    La programación incluirá 77 cortometrajes y 38 primeros largometrajes, con una selección que combina trayectoria y renovación, y que vuelve a situar a Huesca en el mapa del cine emergente y de autor.

    La cita, una de las más veteranas del circuito cinematográfico aragonés, refuerza además su proyección exterior al apostar por una muestra diversa, con presencia de obras reconocidas en festivales de prestigio y propuestas de realizadores que debutan en la gran pantalla.

  • Sol, antigüedades y gente a raudales durante dos días de feria en La Fresneda

    La Fresneda volvió a convertirse durante el fin de semana de Sábado Santo y Domingo de Resurrección en un gran escaparate de antigüedades, artesanía, oficios y productos de todo tipo, con calles repletas de visitantes y un ambiente constante de compra, conversación y curiosidad. La XXVI Feria de Antigüedades, Artes, Oficios, Monedas y Billetes llenó la localidad turolense de gente llegada de la comarca, de distintos puntos de Aragón y, principalmente, de Cataluña, en una cita ya consolidada que mantiene vivo el legado de Ramón Celma, impulsor de esta muestra hace 26 ediciones.

    Su recuerdo sigue muy presente en la feria. Frente a su casa continúa instalándose la parada que él ocupaba, ahora atendida por su familia, que conserva a la vista parte de sus objetos para quienes desean adquirir alguna de sus piezas. La esencia de aquel proyecto continúa marcando el pulso de un fin de semana que, año tras año, da más protagonismo a La Fresneda como punto de encuentro para coleccionistas, curiosos y amantes de las antigüedades.

    Uno de los rincones más concurridos fue el puesto que recuerda el histórico cartel de Barcelona’92, donde Montse Gándara, nuera de Celma, destacó la buena respuesta del público. Según explicó, este sábado el paso de gente fue especialmente intenso, con una afluencia que consideró “brutal”. También subrayó el valor sentimental de mantener viva la tradición familiar, algo que muchos feriantes reconocen al acercarse y compartir anécdotas vinculadas al fundador.

    La edición de este año ha reunido 120 puestos, con presencia de vendedores de la zona, de diferentes puntos de Aragón y de Cataluña. La oferta ha incluido desde herramientas, juguetes, muebles y discos hasta piezas de coleccionismo, además de artesanía y demostraciones en directo. Cestería, cuero y pintura han sido algunas de las técnicas que el público ha podido ver de cerca e incluso probar.

    La feria también reservó espacio para los más pequeños. Entre las actividades organizadas destacó un taller de dibujo de aves al natural, con Paquita, un águila harris, como modelo. El naturalista, ilustrador y caricaturista Carlos Enríquez guio la actividad y valoró la creatividad de los niños, además de definir el entorno y la feria como un espacio acogedor e interesante.

    A lo largo de la calle principal, desde la plaza Mayor hasta la plaza del Pilar, el movimiento fue constante. Los puestos atrajeron a visitantes que miraban, comparaban y preguntaban, mientras otros cerraban compras, especialmente de muebles. Entre los expositores, Silvia Salas, de Erla, acudió por primera vez a La Fresneda con su proyecto Alma de Colibrí, dedicado a la restauración y creación de piezas a partir de muebles antiguos. Salas aseguró que el balance fue positivo, especialmente por haber vendido creaciones propias surgidas de su trabajo de restauración.

    También llamó la atención el puesto de Marta Piquer, llegada desde Alcañiz junto a su familia para mostrar artículos de su padre Vicente. Vestidos de época, rindieron homenaje a su legado en una primera participación en esta feria que, en su caso, tuvo además un valor emocional. Piquer recordó que su padre acudía habitualmente a este tipo de citas y no descartó que algunas de las piezas expuestas hubieran pasado en su día por la propia feria de La Fresneda.

    El ambiente se mantuvo animado durante toda la jornada gracias también al pregonero, que recorrió la feria anunciando ofertas con su trompetilla y ayudando incluso a los escolares que vendían libros y material de fin de curso. Su presencia se convirtió en uno de los reclamos más fotografiados del evento antes de dar por clausurada la edición al final del Domingo de Resurrección.

  • Caspe apuesta por impulsar la potabilizadora de agua y la piscina climatizada este año

    Caspe quiere acelerar este año dos de los proyectos más relevantes de su hoja de ruta municipal: la nueva estación de tratamiento de agua potable y la climatización de la piscina cubierta. Así lo recoge el presupuesto aprobado por el Ayuntamiento, que supera los 12 millones de euros y que llevaba prorrogado desde 2024 hasta que el equipo de gobierno del PP logró sacarlo adelante con el respaldo de Somos Caspe.

    Las cuentas reservan 15.971,91 euros para la expropiación de los terrenos necesarios para la futura Estación de Tratamiento de Agua Potable (ETAP), una infraestructura llamada a sustituir a la actual potabilizadora, que acumula más de tres décadas de incidencias. El último contratiempo se produjo hace dos meses, cuando colapsó uno de los cuatro depósitos, una avería para la que también se consignan 47.711,53 euros de reparación.

    El concejal de Hacienda asegura que la tramitación del proyecto está en su recta final y que la próxima semana se espera el visto bueno de la junta consultiva para poder licitar la obra. La previsión del equipo de gobierno pasa por llevarla a pleno en mayo y adjudicarla en septiembre. La inversión total asciende a 10 millones de euros, de los que el 25% lo aportará el Ayuntamiento con remanentes y el resto la empresa concesionaria. El plazo de ejecución previsto es de 18 meses.

    A esta actuación se suma la intención del consistorio de impulsar la climatización de la piscina cubierta municipal, una intervención valorada en tres millones de euros que se incorporaría también con remanentes. La obra figura entre las condiciones planteadas por Somos Caspe para apoyar las cuentas y el gobierno local confía en poder arrancarla este mismo año, aunque seguirá buscando financiación externa.

    El presupuesto mantiene los concursos locales, incorpora becas de movilidad para estudiantes y da continuidad a los convenios con entidades del municipio, que superan en conjunto los 328.000 euros. En paralelo, el aumento del coste de suministros y gastos corrientes ha obligado a recortar un 20% las partidas de Cultura, Ferias y Festejos, en parte por la supresión de una jornada de las fiestas patronales, que quedarán en cinco días.

  • La «ilusión» de un niño que se cumplió y le transmitió a su familia en Valderrobres

    La Semana Santa de Valderrobres sigue sumando generaciones y manteniendo vivo un arraigo que se transmite en familia. Es el caso de Juan Sorolla, valderrobrense cuya mayor ilusión de niño era portar el paso de la Dolorosa, un deseo que cumplió siendo joven cuando sustituyó a su tío, Herminio Andreu, obligado a dejar la tarea por problemas de rodilla.

    Sorolla recuerda que no habría aceptado otro paso. “Me daba igual si me hubieran ofrecido otro. Yo quería ese o ninguno”, afirma. Durante años llevó a la Virgen en la procesión del Santo Entierro cada Viernes Santo, hasta que en 2016 tuvo que dejarlo por motivos laborales.

    Desde entonces, continúa ligado a la celebración como aguacil de Valderrobres, una labor que le mantiene estos días en plena actividad: corta calles, coloca vallas y coordina distintos aspectos organizativos de la Semana Santa.

    En su casa, sin embargo, la tradición sigue avanzando sobre todo por vía materna. Su mujer, Gema Parra, y sus dos hijos, Arturo, de 11 años, y Luis, de seis, participan en las procesiones “desde que tienen uso de razón”. Arturo empezó con el tambor cuando apenas tenía tres años, luego pasó al bombo, y su hermano ha seguido un camino similar. Este año, Luis ha cogido la maza. Ambos se forman en la Escuela del Tambor y, según su madre, acuden entusiasmados.

    Parra, natural de Alcañiz, lleva tocando el tambor desde los 15 años y participa en la Semana Santa de Valderrobres desde los 23, cuando comenzó junto a su pareja. En su localidad natal salía en las procesiones del Nazareno, el Pregón y el Santo Entierro, pero pronto se integró en la tradición valderrobrense, donde hoy colabora activamente tanto en la calle como en la organización.

    “La Semana Santa de Valderrobres es sentimiento, respeto y tradición; e integra mucho a todos los que quieren colaborar”, explica. También destaca la dedicación que se percibe en la población, así como la capacidad de la celebración para implicar a vecinos de todas las edades.

    Parra forma parte de la cofradía del Santo Entierro y desde hace algo más de un año está en su junta directiva, lo que le permite participar en la organización de los actos. Procesiona el Miércoles y el Viernes Santo junto a sus hijos. En el Vía Crucis, los niños salen a cara descubierta, mientras que en el Santo Entierro Luis participa con un estandarte al ser todavía pequeño para tocar, una norma que se aplica a partir del año de la primera comunión.

    La implicación familiar, no obstante, también se reparte entre distintas localidades. Al procesionar en Valderrobres, Gema solo puede salir en Alcañiz el Sábado Santo, algo que hace algunos años, aunque no tantas veces como le gustaría por motivos laborales. Arturo llegó a acompañarla en una ocasión; Luis, asegura, aún lo tiene pendiente.

    Juan y Gema subrayan además la colaboración de los vecinos para mantener viva una Semana Santa que no deja de crecer. “Participan desde niños pequeños hasta gente mayor que solo espera su procesión para salir”, apunta Sorolla. Parra añade que una de las claves es que iniciarse no supone un gran desembolso económico, ya que la Escuela del Tambor presta tambores, bombos y túnicas para facilitar que nuevos participantes prueben sin tener que hacer una inversión inicial elevada.

    Ese sistema, señalan, favorece que más personas se sumen a la tradición y que la cofradía del Santo Entierro siga aumentando su participación. “Estamos muy bien organizados para que la Semana Santa vaya a más”, resume Parra.

  • Dedicación por Calaceite antes y durante las procesiones

    Calaceite vive cada Semana Santa con la dedicación silenciosa de quienes sostienen la tradición desde dentro. Entre ellas destaca Eva Salvador, pieza clave en la organización de las procesiones y en el trabajo previo que permite que todo esté listo en la localidad. Forma parte de la junta de la única cofradía del municipio, la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y la Santa Espina, y se encarga de preparar las peanas, disponer los arreglos florales del Jueves Santo y colaborar en el lavado, planchado y arreglo de las túnicas junto a otras mujeres. Además, participa en las procesiones con una vela, siempre atenta a cualquier incidencia.

    Su vínculo con la Semana Santa calaceitana le llegó por herencia familiar. Su madre, Conchita Jasá, hoy con 85 años y ya retirada, colaboró durante décadas de manera voluntaria con otras mujeres en las tareas de ornamentación de los pasos y en el vestuario de los cofrades, conocidos en Calaceite como vestas. Aquella labor tenía como centro la antigua iglesia de Sant Roc, donde se guardaban durante el año las peanas y las túnicas de la cofradía, y que aún conserva la caldera con la que antiguamente se producía la cera para las candelas.

    Conchita también acompañaba las procesiones vestida con abrigo negro, portando el estandarte, uno de los cordones o un cirio grande, tanto el Jueves como el Viernes Santo. Su marido, además, participaba en la llamada mesa petitoria, encargada de recoger las cuotas en la iglesia. Al término de la procesión del Viernes Santo, las mujeres del grupo invitaban a comer a los portantes de los pasos, aunque entonces todo lo que se servía en el Patronat había sido preparado en sus propias casas.

    La tradición ha pasado también a la siguiente generación. Eva transmitió su devoción a su marido, Joaquín, natural de Mazaleón, que se integró pronto en la vida religiosa de Calaceite portando durante años el paso más emblemático, lo Llit, el único que no había pasado a llevar ruedas hasta hace poco, cuando tuvo que dejarlo por problemas de espalda. Sus hijos también han seguido vinculados a la Semana Santa: Andrés lleva alrededor de siete años como portante de distintos pasos y ahora se centra en el Nazareno, mientras que Luis toca el tambor desde hace tiempo. De pequeños, ambos participaron en distintas etapas de las procesiones como angelitos, hebreos y penitentes.

    En aquellos años, además, se mantenía la vela del Santísimo durante toda la noche del Jueves al Viernes Santo. Esa costumbre terminó y en la actualidad, tras la procesión, se celebra la Hora Santa. El Viernes Santo la vela se retoma por la mañana con el Vía Crucis, se interrumpe al mediodía y vuelve a abrirse la iglesia a las tres de la tarde hasta los Santos Oficios.

    La Semana Santa de Calaceite conserva también momentos de gran singularidad. Cuando la procesión del Jueves Santo llega a la plaza, se silencian los tambores y el cura, el coro, los ángeles y los hebreos suben al salón de plenos del Ayuntamiento para orar y cantar al Santo Cristo, en una plaza completamente en silencio. Otro instante especialmente emotivo se vive al final de la procesión del Viernes Santo, cuando la Dolorosa y lo Llit se encuentran en el Altar Mayor y se entona la Salve Dolorosa, una pieza que solo se interpreta en Calaceite.

  • Del estruendo a los abrazos: los ceses de los toques marcan el final de los redobles y el inicio de un nuevo año

    El estallido de los últimos redobles dejó este Sábado Santo escenas de emoción, aplausos y abrazos en la Ruta del Tambor y Bombo del Bajo Aragón Histórico, donde varias localidades pusieron fin a la Semana Santa con sus tradicionales ceses del toque. A medida que avanzó la tarde, las plazas fueron enmudeciendo tras las últimas sacudidas de palillos y mazas, en una jornada marcada por la intensidad, la devoción y la despedida de un sonido que, año tras año, congrega a vecinos y visitantes.

    En Calanda, la Parada de los toques se vivió a las 14.00 con la corneta avisando primero del cambio de ritmo y, después, del momento exacto de la última señal. Minutos antes, los tambores y bombos llenaban la plaza con un repique cada vez más fuerte, en un ambiente de recogimiento y memoria hacia los fallecidos. Llegada la hora, el silencio sustituyó al estruendo y la Semana Santa calandina quedó oficialmente cerrada entre rostros de nostalgia.

    Híjar también puso fin a sus actos con la procesión de Subida de Imágenes, celebrada a las 18.00, un recorrido que marca el cierre de la Semana Santa sin necesidad de un cese específico. Con las peanas devueltas al edificio Tambor, los instrumentos regresaron a sus armarios hasta el próximo año.

    La tarde avanzó con los últimos toques en Albalate del Arzobispo, Alcorisa, Alcañiz, Andorra, Samper de Calanda, Urrea de Gaén y La Puebla de Híjar. En Albalate, el fin llegó desde el balcón del ayuntamiento, donde la alcaldesa agitó el pañuelo blanco tras una tarde de Traslado de Imágenes y una última hora de concentración en la plaza. En Alcorisa, el cierre se produjo después de la procesión de la Soledad, con los tambores sonando hasta las 21.00 antes de guardar silencio hasta 2027.

    En Urrea de Gaén, el cese se hizo efectivo a las 20.00 en la plaza de la iglesia. La alcaldesa, rodeada de amigas y vecinos, retiró el pañuelo blanco y, tras la señal, la plaza respondió con aplausos y abrazos. También en Alcañiz, donde el cese oficial se ha consolidado desde 2023, la joven Yolanda Alcarraz fue la encargada de bajar el cetrillo ante la iglesia en representación de José Manuel Vallés, prior del Santo Entierro. La cita reunió a más participantes que en años anteriores y reforzó una tradición que sigue creciendo.

    Andorra vivió un cierre multitudinario a las 20.30, con la plaza de la Iglesia abarrotada tras la procesión de la Soledad. El final de los redobles reunió a cientos de vecinos que resistían, una vez más, el momento de despedir el sonido del tambor.

    En Samper de Calanda, el toque de corneta desde el balcón marcó a las 21.00 el punto final de una larga tarde de rondas callejeras. El cese cerró una jornada intensa en la que cuadrillas y Escuela del Tambor mantuvieron el pulso hasta el último instante. Y en La Puebla de Híjar, los últimos redobles se alargaron hasta las diez de la noche, con la plaza cada vez más concurrida y con vecinos de otros pueblos acercándose para escuchar los últimos golpes antes del silencio. Allí, el alcalde, Pedro Bello, dio la señal final desde un peldaño móvil visible desde la calle Mayor. El gesto, seco y rotundo, dio paso a una explosión de júbilo, aplausos y abrazos, en una despedida que muchos ya esperan repetir en 2027.

  • Los santos entierros marcan los últimos compases de la semana grande de la Ruta del Tambor y Bombo

    El Bajo Aragón Histórico ha vuelto a vivir con solemnidad los últimos compases de la semana grande de la Ruta del Tambor y Bombo con la celebración de los Santos Entierros entre el Viernes Santo y el Sábado Santo. Albalate, Alcañiz, Alcorisa, Andorra, Calanda, Híjar, La Puebla de Híjar, Samper de Calanda, Urrea de Gaén y otras localidades de la comarca han conmemorado la muerte de Jesús en un ambiente de recogimiento, duelo y tradición.

    En Alcañiz, por segundo año consecutivo, las obras en la plaza de España han obligado a trasladar el Sellado del Sepulcro a la puerta de la iglesia de Santa María la Mayor, ofreciendo una nueva imagen de uno de los actos más emblemáticos de la Semana Santa alcañizana. Sheila Alejos, capitana de los romanos, y Daniel Lasmarías, hermano mayor de los hebreos, han protagonizado de nuevo en solitario este ritual, con el que se escenifica el cierre del sepulcro tras el entierro de Cristo.

    Tras la ceremonia, la Dolorosa ha presidido la escena mientras los tambores volvían a sonar para acompañar el lamento hasta el cese de la actividad, previsto para las ocho de la tarde. Antes, pasos y figuras han recorrido la parte alta y baja de la ciudad encabezados por los cetrilleros, los mayordomos de la Cofradía del Santo Entierro y los portadores de estandartes de las tribus, en una procesión arropada por tamborileros, baturras y baturros que portaban las tortas de Pascua bendecidas. Centenares de vecinos y visitantes han seguido el desfile en una tarde de temperatura agradable, muy distinta a las frías y ventosas noches de las primeras procesiones.

    En Urrea de Gaén, el Santo Entierro volvió a reunir emoción religiosa y el estruendo de tambores y bombos por sus calles estrechas y sinuosas. La procesión, que parte a las diez de la noche, comienza a prepararse apenas unos minutos antes con el trasiego en la iglesia para sacar peanas, faroles, estandartes y velas. La salida, marcada por el sonido de los tambores ya congregados en la plaza, vuelve a convertir este acto en uno de los momentos más intensos de la Semana Santa urreana.

    Calanda vivió también una jornada de fuerte carga simbólica tras la Rompida de Hora. El Sábado Santo, la localidad se reunió a las nueve de la mañana en la plaza de España para participar en la Procesión del Santo Entierro, acompañada por el eco de bombos y tambores que recorrió sus calles. Al término del itinerario tuvo lugar la tradicional lucha entre Longinos y Centurión con motivo del sellado del sepulcro, ante la mirada silenciosa de todo el pueblo, en un acto que mantiene viva una de las señas de identidad más reconocibles del Bajo Aragón.

  • La Noche de Tambores llena de toques la plaza de España de Alcañiz

    La plaza de España de Alcañiz volvió a convertirse este Viernes Santo en el gran punto de encuentro de la Noche de Tambores, una cita ya plenamente arraigada en la ciudad y que cada año congrega a más vecinos. Agrupados en cuadrillas de amigos y familiares, los alcañizanos salieron a la calle para hacer sonar el tambor en una velada marcada por el buen tiempo tras varios días de viento y bajas temperaturas, un factor que favoreció la presencia de público.

    La concentración arrancó en la plaza de España, desde donde las cuadrillas fueron extendiéndose después por las calles próximas para llevar el toque del tambor al corazón del casco urbano de la capital bajoaragonesa. El ambiente se mantuvo durante horas en una de las noches más señaladas de la Semana Santa alcañizana, que volvió a reunir a numerosos participantes y espectadores en torno a una tradición profundamente enraizada en la localidad.

    La actividad no se limitó a Alcañiz. En otros municipios aragoneses de la Ruta del Tambor y Bombo, como Calanda, Samper o Urrea, la noche también se prolongó con el sonido de los tambores, en una jornada intensa para toda la comarca.

  • Los Tena y el ejemplo de la abuela Carmen en Urrea: «No solo es tocar, el tambor es mucho más, es todo lo que es capaz de unir»

    En Urrea de Gaén, el sonido del tambor no se entiende solo como una tradición de Semana Santa, sino como un vínculo familiar y vecinal que atraviesa generaciones. Así lo vive la familia Tena, para la que cada palillazo guarda el recuerdo de la abuela Carmen, una de esas mujeres que hicieron hueco a su manera en una celebración en la que no siempre fue fácil abrir camino.

    Belén recuerda con especial cariño la imagen de su abuela tocando con guantes y gafas de sol. “El primer recuerdo que tengo de pequeña respecto al tambor es verla así”, explica, entre risas compartidas con su hermana Ana. En casa, todos coinciden en que Carmen transmitía mucho más que destreza: transmitía entusiasmo. “Saber tocar era lo de menos; lo importante era la ilusión que le ponía”, señala Manuel, que como sus hermanos ha heredado esa afición casi sin saber por qué.

    En la familia Tena, el tambor es sinónimo de convivencia, de reencuentros y de pueblo. El Viernes Santo, la ayuda se reparte entre peanas, procesiones y preparativos; el Sábado Santo, las rondas por las calles se convierten en un punto de encuentro entre niños, jóvenes y mayores. También hay espacio para los pequeños piques entre cuadrillas, en una celebración que, aseguran, devuelve cada año la sensación de que todo vuelve a encajar.

    El recuerdo de Carmen se mezcla además con el de otras familias de Urrea estrechamente ligadas a la vida local, como la de José Guiral, fallecido el 18 de marzo, a quien los Tena reconocen como parte fundamental del tejido humano y asociativo del municipio. “Si hablamos de familias implicadas en la Semana Santa y en todo lo que necesita el pueblo, esa es la de José”, subrayan, en referencia a una labor silenciosa que durante el año sostiene muchas de las actividades del municipio.

    Esa cadena de generaciones es la que ahora continúa en los más pequeños. Asier, de 4 años, y Ana, que cumplirá 7 en Viernes Santo, empiezan a vivir la Semana Santa desde dentro. Su madre les acompaña a las clases de tambor para los más pequeños, donde comparte enseñanza con Jorge, otro padre del municipio. Belén toca además con la cuadrilla que representa a Urrea en las exaltaciones de la Ruta del Tambor y Bombo, grupo en el que participó también su hermana Ana hasta que el traslado de esta a Zaragoza complicó los ensayos.

    En un pueblo de apenas 400 habitantes y con casi una decena de peanas, la colaboración vecinal resulta imprescindible. “Quedan horas para todo, pero si hay que sacar peana, se saca”, resume Belén. Manuel lo completa con una idea que, en Urrea, se repite cada Semana Santa y durante todo el año: “Aquí hay gente muy implicada en todo, y gracias a ellos se hacen cosas muy grandes”.