El espacio autogestionado Kike Mur, en Zaragoza, afronta estos días una nueva amenaza de desalojo en medio de una fuerte respuesta vecinal y social. Mientras el debate político vuelve a situar en el centro a este enclave del barrio, distintos colectivos han querido subrayar el papel que ha desempeñado como punto de apoyo comunitario y como lugar de organización solidaria en la ciudad.
Durante la emergencia provocada por la DANA en Valencia, el Kike Mur se convirtió en centro de recogida y distribución de alimentos y material de primera necesidad. La respuesta vecinal permitió canalizar toneladas de ayuda que fueron clasificadas y enviadas de forma coordinada, en una labor en la que participaron activistas, asociaciones del barrio y personas voluntarias. Desde el entorno del espacio se destaca que este trabajo se realizó con orden y en colaboración directa con el movimiento social de Zaragoza.
La situación ha reavivado también el debate sobre el uso de los espacios okupados en la capital aragonesa. Para sus defensores, el Kike Mur ha funcionado como un lugar útil para el barrio y para la ciudad, más allá de la polémica política que lo rodea. Para sus detractores, en cambio, el inmueble sigue siendo un símbolo de la ocupación ilegal. En este contexto, el movimiento vecinal insiste en que el espacio ha demostrado su valor en momentos de necesidad y reclama que se tenga en cuenta su función social antes de ejecutar cualquier desalojo.
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