Más de 2.000 personas llenaron este sábado Maella en una nueva edición de la Sartanè, una cita que sigue ganando peso en el calendario festivo del municipio y que aspira a lograr un reconocimiento a nivel nacional. La jornada reunió a 71 cuadrillas a concurso y a otros grupos que se sumaron por libre a la comida popular, para la que se prepararon 500 raciones, hasta alcanzar una participación aproximada de 2.200 personas, según la organización.
La presidenta y secretaria de la comisión, Virginia Rufín, destacó que se trata de una de las ediciones más multitudinarias de los últimos años y subrayó que, durante todo el año, la pregunta más repetida en el pueblo es la fecha de la próxima Sartanè. En la misma línea, la alcaldesa, Elena Bondía, recordó que la fiesta está declarada de Interés Turístico de Aragón y señaló que el objetivo municipal es conseguir también el reconocimiento estatal.
El concurso gastronómico tuvo este año un ganador claro: el plato elaborado por Joaquín Lacueva con la ayuda de sus amigos de la peña De Tot. El jurado resolvió con rapidez tras la cata de las distintas propuestas y otorgó el primer premio a una receta que, según Lacueva, encierra el valor de la convivencia por encima de la competición. El vencedor recibió el diploma, el trofeo artesanal que cada año confecciona José Luis Liarte y una cesta de productos para compartir con su cuadrilla.
La jornada transcurrió bajo un sol radiante, lo que permitió disfrutar plenamente de la comida y de la sobremesa musical, a diferencia de lo ocurrido el año pasado, cuando la lluvia condicionó la celebración. Tras la entrega de premios, la orquesta animó la tarde y la plaza se convirtió en un gran punto de encuentro para vecinos y visitantes.
La Sartanè mantiene además su valor simbólico como cita intergeneracional. Entre los fogones improvisados se mezclaron cuadrillas de veteranos, adultos y jóvenes, que siguieron las recetas transmitidas de abuelos a nietos. El secreto, repetían muchos, sigue siendo el mismo de siempre: un buen sofrito, fuego lento y un caldo que haga chup-chup. Un plato humilde y ligado al trabajo del campo que ha terminado convertido en una de las celebraciones más queridas de Maella y de todo el Bajo Aragón-Caspe.