Última hora

  • Dedicación por Calaceite antes y durante las procesiones

    Calaceite vive cada Semana Santa con la dedicación silenciosa de quienes sostienen la tradición desde dentro. Entre ellas destaca Eva Salvador, pieza clave en la organización de las procesiones y en el trabajo previo que permite que todo esté listo en la localidad. Forma parte de la junta de la única cofradía del municipio, la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo y la Santa Espina, y se encarga de preparar las peanas, disponer los arreglos florales del Jueves Santo y colaborar en el lavado, planchado y arreglo de las túnicas junto a otras mujeres. Además, participa en las procesiones con una vela, siempre atenta a cualquier incidencia.

    Su vínculo con la Semana Santa calaceitana le llegó por herencia familiar. Su madre, Conchita Jasá, hoy con 85 años y ya retirada, colaboró durante décadas de manera voluntaria con otras mujeres en las tareas de ornamentación de los pasos y en el vestuario de los cofrades, conocidos en Calaceite como vestas. Aquella labor tenía como centro la antigua iglesia de Sant Roc, donde se guardaban durante el año las peanas y las túnicas de la cofradía, y que aún conserva la caldera con la que antiguamente se producía la cera para las candelas.

    Conchita también acompañaba las procesiones vestida con abrigo negro, portando el estandarte, uno de los cordones o un cirio grande, tanto el Jueves como el Viernes Santo. Su marido, además, participaba en la llamada mesa petitoria, encargada de recoger las cuotas en la iglesia. Al término de la procesión del Viernes Santo, las mujeres del grupo invitaban a comer a los portantes de los pasos, aunque entonces todo lo que se servía en el Patronat había sido preparado en sus propias casas.

    La tradición ha pasado también a la siguiente generación. Eva transmitió su devoción a su marido, Joaquín, natural de Mazaleón, que se integró pronto en la vida religiosa de Calaceite portando durante años el paso más emblemático, lo Llit, el único que no había pasado a llevar ruedas hasta hace poco, cuando tuvo que dejarlo por problemas de espalda. Sus hijos también han seguido vinculados a la Semana Santa: Andrés lleva alrededor de siete años como portante de distintos pasos y ahora se centra en el Nazareno, mientras que Luis toca el tambor desde hace tiempo. De pequeños, ambos participaron en distintas etapas de las procesiones como angelitos, hebreos y penitentes.

    En aquellos años, además, se mantenía la vela del Santísimo durante toda la noche del Jueves al Viernes Santo. Esa costumbre terminó y en la actualidad, tras la procesión, se celebra la Hora Santa. El Viernes Santo la vela se retoma por la mañana con el Vía Crucis, se interrumpe al mediodía y vuelve a abrirse la iglesia a las tres de la tarde hasta los Santos Oficios.

    La Semana Santa de Calaceite conserva también momentos de gran singularidad. Cuando la procesión del Jueves Santo llega a la plaza, se silencian los tambores y el cura, el coro, los ángeles y los hebreos suben al salón de plenos del Ayuntamiento para orar y cantar al Santo Cristo, en una plaza completamente en silencio. Otro instante especialmente emotivo se vive al final de la procesión del Viernes Santo, cuando la Dolorosa y lo Llit se encuentran en el Altar Mayor y se entona la Salve Dolorosa, una pieza que solo se interpreta en Calaceite.

  • Del estruendo a los abrazos: los ceses de los toques marcan el final de los redobles y el inicio de un nuevo año

    El estallido de los últimos redobles dejó este Sábado Santo escenas de emoción, aplausos y abrazos en la Ruta del Tambor y Bombo del Bajo Aragón Histórico, donde varias localidades pusieron fin a la Semana Santa con sus tradicionales ceses del toque. A medida que avanzó la tarde, las plazas fueron enmudeciendo tras las últimas sacudidas de palillos y mazas, en una jornada marcada por la intensidad, la devoción y la despedida de un sonido que, año tras año, congrega a vecinos y visitantes.

    En Calanda, la Parada de los toques se vivió a las 14.00 con la corneta avisando primero del cambio de ritmo y, después, del momento exacto de la última señal. Minutos antes, los tambores y bombos llenaban la plaza con un repique cada vez más fuerte, en un ambiente de recogimiento y memoria hacia los fallecidos. Llegada la hora, el silencio sustituyó al estruendo y la Semana Santa calandina quedó oficialmente cerrada entre rostros de nostalgia.

    Híjar también puso fin a sus actos con la procesión de Subida de Imágenes, celebrada a las 18.00, un recorrido que marca el cierre de la Semana Santa sin necesidad de un cese específico. Con las peanas devueltas al edificio Tambor, los instrumentos regresaron a sus armarios hasta el próximo año.

    La tarde avanzó con los últimos toques en Albalate del Arzobispo, Alcorisa, Alcañiz, Andorra, Samper de Calanda, Urrea de Gaén y La Puebla de Híjar. En Albalate, el fin llegó desde el balcón del ayuntamiento, donde la alcaldesa agitó el pañuelo blanco tras una tarde de Traslado de Imágenes y una última hora de concentración en la plaza. En Alcorisa, el cierre se produjo después de la procesión de la Soledad, con los tambores sonando hasta las 21.00 antes de guardar silencio hasta 2027.

    En Urrea de Gaén, el cese se hizo efectivo a las 20.00 en la plaza de la iglesia. La alcaldesa, rodeada de amigas y vecinos, retiró el pañuelo blanco y, tras la señal, la plaza respondió con aplausos y abrazos. También en Alcañiz, donde el cese oficial se ha consolidado desde 2023, la joven Yolanda Alcarraz fue la encargada de bajar el cetrillo ante la iglesia en representación de José Manuel Vallés, prior del Santo Entierro. La cita reunió a más participantes que en años anteriores y reforzó una tradición que sigue creciendo.

    Andorra vivió un cierre multitudinario a las 20.30, con la plaza de la Iglesia abarrotada tras la procesión de la Soledad. El final de los redobles reunió a cientos de vecinos que resistían, una vez más, el momento de despedir el sonido del tambor.

    En Samper de Calanda, el toque de corneta desde el balcón marcó a las 21.00 el punto final de una larga tarde de rondas callejeras. El cese cerró una jornada intensa en la que cuadrillas y Escuela del Tambor mantuvieron el pulso hasta el último instante. Y en La Puebla de Híjar, los últimos redobles se alargaron hasta las diez de la noche, con la plaza cada vez más concurrida y con vecinos de otros pueblos acercándose para escuchar los últimos golpes antes del silencio. Allí, el alcalde, Pedro Bello, dio la señal final desde un peldaño móvil visible desde la calle Mayor. El gesto, seco y rotundo, dio paso a una explosión de júbilo, aplausos y abrazos, en una despedida que muchos ya esperan repetir en 2027.

  • Los santos entierros marcan los últimos compases de la semana grande de la Ruta del Tambor y Bombo

    El Bajo Aragón Histórico ha vuelto a vivir con solemnidad los últimos compases de la semana grande de la Ruta del Tambor y Bombo con la celebración de los Santos Entierros entre el Viernes Santo y el Sábado Santo. Albalate, Alcañiz, Alcorisa, Andorra, Calanda, Híjar, La Puebla de Híjar, Samper de Calanda, Urrea de Gaén y otras localidades de la comarca han conmemorado la muerte de Jesús en un ambiente de recogimiento, duelo y tradición.

    En Alcañiz, por segundo año consecutivo, las obras en la plaza de España han obligado a trasladar el Sellado del Sepulcro a la puerta de la iglesia de Santa María la Mayor, ofreciendo una nueva imagen de uno de los actos más emblemáticos de la Semana Santa alcañizana. Sheila Alejos, capitana de los romanos, y Daniel Lasmarías, hermano mayor de los hebreos, han protagonizado de nuevo en solitario este ritual, con el que se escenifica el cierre del sepulcro tras el entierro de Cristo.

    Tras la ceremonia, la Dolorosa ha presidido la escena mientras los tambores volvían a sonar para acompañar el lamento hasta el cese de la actividad, previsto para las ocho de la tarde. Antes, pasos y figuras han recorrido la parte alta y baja de la ciudad encabezados por los cetrilleros, los mayordomos de la Cofradía del Santo Entierro y los portadores de estandartes de las tribus, en una procesión arropada por tamborileros, baturras y baturros que portaban las tortas de Pascua bendecidas. Centenares de vecinos y visitantes han seguido el desfile en una tarde de temperatura agradable, muy distinta a las frías y ventosas noches de las primeras procesiones.

    En Urrea de Gaén, el Santo Entierro volvió a reunir emoción religiosa y el estruendo de tambores y bombos por sus calles estrechas y sinuosas. La procesión, que parte a las diez de la noche, comienza a prepararse apenas unos minutos antes con el trasiego en la iglesia para sacar peanas, faroles, estandartes y velas. La salida, marcada por el sonido de los tambores ya congregados en la plaza, vuelve a convertir este acto en uno de los momentos más intensos de la Semana Santa urreana.

    Calanda vivió también una jornada de fuerte carga simbólica tras la Rompida de Hora. El Sábado Santo, la localidad se reunió a las nueve de la mañana en la plaza de España para participar en la Procesión del Santo Entierro, acompañada por el eco de bombos y tambores que recorrió sus calles. Al término del itinerario tuvo lugar la tradicional lucha entre Longinos y Centurión con motivo del sellado del sepulcro, ante la mirada silenciosa de todo el pueblo, en un acto que mantiene viva una de las señas de identidad más reconocibles del Bajo Aragón.

  • La Noche de Tambores llena de toques la plaza de España de Alcañiz

    La plaza de España de Alcañiz volvió a convertirse este Viernes Santo en el gran punto de encuentro de la Noche de Tambores, una cita ya plenamente arraigada en la ciudad y que cada año congrega a más vecinos. Agrupados en cuadrillas de amigos y familiares, los alcañizanos salieron a la calle para hacer sonar el tambor en una velada marcada por el buen tiempo tras varios días de viento y bajas temperaturas, un factor que favoreció la presencia de público.

    La concentración arrancó en la plaza de España, desde donde las cuadrillas fueron extendiéndose después por las calles próximas para llevar el toque del tambor al corazón del casco urbano de la capital bajoaragonesa. El ambiente se mantuvo durante horas en una de las noches más señaladas de la Semana Santa alcañizana, que volvió a reunir a numerosos participantes y espectadores en torno a una tradición profundamente enraizada en la localidad.

    La actividad no se limitó a Alcañiz. En otros municipios aragoneses de la Ruta del Tambor y Bombo, como Calanda, Samper o Urrea, la noche también se prolongó con el sonido de los tambores, en una jornada intensa para toda la comarca.

  • Los Tena y el ejemplo de la abuela Carmen en Urrea: «No solo es tocar, el tambor es mucho más, es todo lo que es capaz de unir»

    En Urrea de Gaén, el sonido del tambor no se entiende solo como una tradición de Semana Santa, sino como un vínculo familiar y vecinal que atraviesa generaciones. Así lo vive la familia Tena, para la que cada palillazo guarda el recuerdo de la abuela Carmen, una de esas mujeres que hicieron hueco a su manera en una celebración en la que no siempre fue fácil abrir camino.

    Belén recuerda con especial cariño la imagen de su abuela tocando con guantes y gafas de sol. “El primer recuerdo que tengo de pequeña respecto al tambor es verla así”, explica, entre risas compartidas con su hermana Ana. En casa, todos coinciden en que Carmen transmitía mucho más que destreza: transmitía entusiasmo. “Saber tocar era lo de menos; lo importante era la ilusión que le ponía”, señala Manuel, que como sus hermanos ha heredado esa afición casi sin saber por qué.

    En la familia Tena, el tambor es sinónimo de convivencia, de reencuentros y de pueblo. El Viernes Santo, la ayuda se reparte entre peanas, procesiones y preparativos; el Sábado Santo, las rondas por las calles se convierten en un punto de encuentro entre niños, jóvenes y mayores. También hay espacio para los pequeños piques entre cuadrillas, en una celebración que, aseguran, devuelve cada año la sensación de que todo vuelve a encajar.

    El recuerdo de Carmen se mezcla además con el de otras familias de Urrea estrechamente ligadas a la vida local, como la de José Guiral, fallecido el 18 de marzo, a quien los Tena reconocen como parte fundamental del tejido humano y asociativo del municipio. “Si hablamos de familias implicadas en la Semana Santa y en todo lo que necesita el pueblo, esa es la de José”, subrayan, en referencia a una labor silenciosa que durante el año sostiene muchas de las actividades del municipio.

    Esa cadena de generaciones es la que ahora continúa en los más pequeños. Asier, de 4 años, y Ana, que cumplirá 7 en Viernes Santo, empiezan a vivir la Semana Santa desde dentro. Su madre les acompaña a las clases de tambor para los más pequeños, donde comparte enseñanza con Jorge, otro padre del municipio. Belén toca además con la cuadrilla que representa a Urrea en las exaltaciones de la Ruta del Tambor y Bombo, grupo en el que participó también su hermana Ana hasta que el traslado de esta a Zaragoza complicó los ensayos.

    En un pueblo de apenas 400 habitantes y con casi una decena de peanas, la colaboración vecinal resulta imprescindible. “Quedan horas para todo, pero si hay que sacar peana, se saca”, resume Belén. Manuel lo completa con una idea que, en Urrea, se repite cada Semana Santa y durante todo el año: “Aquí hay gente muy implicada en todo, y gracias a ellos se hacen cosas muy grandes”.

  • Entre el negro y el amarillo, la familia Escuín Albiac de Caspe comparte su pasión

    La Semana Santa de Caspe vuelve a estar marcada por la implicación familiar y la transmisión de una tradición que pasa de generación en generación. En la familia Escuín Albiac Moré, seis de sus miembros participan en distintas cofradías del municipio: tres en La Columna y tres en el Santo Entierro, con una de ellas colaborando en ambas. Todos comparten la misma devoción por las procesiones y la convicción de que la Semana Santa caspolina se sostiene gracias al compromiso de quienes se implican en sus actos.

    Agustín Moré, de 14 años, forma parte de La Columna desde pequeño. Comenzó acompañando la bandera, aunque la suya era más reducida, y más tarde se pasó al bombo, instrumento que continúa tocando. Reconoce que una de las mayores satisfacciones de estas fechas es poder vivirlas junto a sus amigos. Su primo David Albiac también mantiene intacta esa ilusión. Sale en procesión desde los seis años y recuerda especialmente la primera vez que se colgó el tambor, una experiencia nueva que al principio le resultaba pesada, aunque con el paso del tiempo y los ensayos se ha acostumbrado. Este año estrenará un tambor mayor.

    La emoción de los primeros años también la vive Julia Moré, que con 17 años sacará el estandarte del Santo Entierro en el pregón. Procesiona desde los tres años y participa tanto en la procesión de La Sentencia, el Lunes Santo, junto a su padre Agustín, como en la del Santo Entierro y Cierre del Sepulcro, el Viernes Santo, acompañando a su tía Pilar Escuín. Para Julia, portar el estandarte supone una responsabilidad especial al ser la primera insignia que identifica a la cofradía.

    La vinculación de la familia con el Santo Entierro, conocido popularmente como La Cama, se remonta a varias generaciones atrás. Los cuatro abuelos de Pilar Escuín formaron parte de los fundadores de la cofradía, una herencia que hoy continúa ella misma como presidenta desde hace tres años. Pilar destaca el orgullo que supone representar a una tradición que forma parte de su historia familiar. Su relación con la Semana Santa comenzó en la cofradía de la Virgen de los Dolores, a la que se incorporó tras hacer la comunión. A los 14 años, una amiga la animó a cambiar al Santo Entierro para llevar el pebetero, y más adelante, junto a su hermana, dio el paso al tambor.

    También José Miguel Albiac, marido de Pilar, mantiene un estrecho vínculo con La Columna. Empezó a tocar el tambor con 11 años y ahora, más de cuatro décadas después, participa como porteador del paso. Recuerda con especial cariño los primeros años, cuando la Semana Santa se vivía con el entusiasmo de ensayar con los amigos, arreglar instrumentos y compartir jornadas de convivencia. Su cuñado Agustín Moré sigue un recorrido parecido: comenzó con el bombo y actualmente ejerce como porteador y responsable de la organización del paso. Este año alcanza los 40 años procesionando, un aniversario que refleja la continuidad de una afición que se mantiene viva en la familia.

    La experiencia de esta familia caspolina evidencia cómo las cofradías de Caspe siguen creciendo gracias al relevo generacional y a la implicación de los más jóvenes. En La Columna, además, trabajan para facilitar que nuevos participantes se incorporen a la tradición, incluso prestando trajes a quienes se estrenan. Entre la solemnidad religiosa y el componente de convivencia, la Semana Santa caspolina conserva así un fuerte arraigo social y familiar que sigue pasando de padres a hijos.

  • El Santo Entierro de Alcañiz recupera reliquias de la Guerra Civil

    La cofradía del Santo Entierro de Alcañiz ha recuperado en el interior de su torre un antiguo guion, junto con otros elementos procesionales, que se cree que salieron en Semana Santa hasta la Guerra Civil. El hallazgo se produjo durante unas labores de limpieza en el espacio donde la hermandad guarda su patrimonio, un lugar que atesora recuerdos y piezas de gran valor histórico.

    El presidente de la cofradía, Alfredo Barberán, explica que el guion apareció dentro de un baúl y que, por su antigüedad, se considera una auténtica reliquia. Según apunta, durante la Guerra Civil se perdió gran parte del material procesional, por lo que este estandarte habría sobrevivido al haber permanecido muy bien custodiado. En la pieza, de color negro, figura bordado el nombre completo de la cofradía y el de la localidad.

    Junto al guion también se localizaron dos faroles y dos cruces. Los faroles, aunque no pueden fecharse con exactitud por falta de documentación, se sabe que cerraban la procesión del Santo Entierro. En cuanto a las cruces, una encabezaba el desfile y era portada por un adulto, mientras que la otra, de menor tamaño, se cree que la llevaban los niños.

    La intención de la cofradía es acondicionar un espacio expositivo permanente para mostrar estas piezas durante todo el año y acercarlas tanto a los vecinos como a los visitantes. El proyecto incluirá un rollo informativo con la historia del Santo Entierro y fotografías antiguas, y se ubicará en la zona central de la iglesia, el cruce, donde actualmente se conserva el material. La hermandad trabaja ya en la iluminación y en la delimitación del espacio, con la previsión de que pueda ser una realidad en la próxima Semana Santa.

    El guion, los faroles y las cruces no volverán a salir en procesión, con el objetivo de preservar su estado y reforzar su valor patrimonial. Esta actuación se suma a otras intervenciones de conservación impulsadas por la cofradía, que el año pasado restauró la peana de la Oración del Huerto, una pieza que no había sido intervenida en sus 82 años de historia.

  • El Drama de la Cruz de Alcorisa conmueve con una puesta en escena más espectacular en el Monte Calvario

    Miles de personas se han congregado esta tarde de Viernes Santo en el Monte Calvario de Alcorisa para asistir a la 49ª edición del Drama de la Cruz, una de las citas más emblemáticas de la Semana Santa aragonesa. La representación de los últimos días de la vida de Cristo ha incorporado este año nuevas escenas y recursos escénicos con el objetivo de reforzar el realismo y la espectacularidad de una obra que, casi medio siglo después de su nacimiento, sigue creciendo en público y en reconocimiento.

    La singularidad del Drama de la Cruz reside en su escenario natural. Lejos de los recintos cerrados o de los entornos urbanos habituales en otras representaciones de la Pasión, la escenificación se desarrolla en la ladera del Monte Calvario, siguiendo el Via Crucis empedrado del siglo XVI que asciende hasta la cima, donde se produce el momento culminante de la crucifixión. Esa integración con el paisaje convierte la experiencia en un recorrido sensorial en el que el público percibe el sonido del martillo sobre los clavos, el olor a romero y el viento frío que ha acompañado la tarde.

    Desde primera hora de la tarde, numerosos asistentes se acercaron a la plaza José Ángel Azuara, donde se habilitó una exposición fotográfica y divulgativa sobre la obra, desde la entrada triunfal en Jerusalén hasta la crucifixión, pasando por escenas como el encuentro con la Verónica camino del Gólgota. La organización también ha permitido en los últimos años que los visitantes puedan tocar algunos de los elementos empleados en la representación, como la corona de espinas, los clavos, el flagelo o el equipo de la guardia romana, con el fin de acercar al público el trabajo artesanal que hay detrás de cada detalle.

    Iván López ha interpretado por cuarta y última vez a Cristo. Al término de la función, visiblemente emocionado, ha explicado que esta edición ha sido especialmente intensa para él porque supone su despedida del personaje antes del relevo previsto para 2027. Junto a él, unos 300 actores y actrices aficionados han dado vida a la Judea del siglo I tras meses de ensayos realizados desde comienzos de año.

    Como complemento a la representación, el público ha podido visitar una muestra fotográfica paralela con 60 imágenes en blanco y negro firmadas por el fotógrafo local Abilio Andrés, centradas en gestos, miradas y sombras de la obra. Las fotografías se han puesto a la venta con fines solidarios y la recaudación se destinará íntegramente a la Asociación Española Contra el Cáncer.

    La Asociación Cultural Drama de la Cruz ha destacado la buena acogida de la jornada y ha agradecido la presencia de los miles de visitantes que han acompañado la representación. Su presidente, Mario Nuez, ha subrayado que ya se trabaja en la 50ª edición, que se celebrará el próximo año, con la intención de seguir renovando la experiencia sin perder el rigor histórico que caracteriza al montaje.

    Desde su estreno en 1978, cuando apenas un pequeño grupo de vecinos impulsó la primera escenificación, el Drama de la Cruz ha evolucionado de forma constante. En los últimos años se han incorporado pantallas gigantes con retransmisión en directo, también pensadas para facilitar la visión a las personas con movilidad reducida, y se ha mantenido la voluntad de cuidar cada elemento de la puesta en escena, incluida la indumentaria de la guardia romana y algunos pasajes del guion en latín.

    La cita se ha consolidado como uno de los grandes referentes de la Semana Santa en Aragón y como una manifestación colectiva en la que participa buena parte del municipio. Cada año, Alcorisa moviliza a cientos de vecinos que colaboran en la confección de vestuario, la preparación del recorrido y el mantenimiento del entorno del Calvario, un compromiso que ha permitido mantener viva una representación que nació sin vocación de continuidad, pero que hoy forma parte del patrimonio emocional y cultural de la localidad.

  • El redoble del tambor vuelve a latir en Alcañiz en el Pregón del Viernes Santo

    El Viernes Santo volvió a teñir de azul las calles de Alcañiz, donde miles de vecinos se echaron a la calle para vivir una de las citas más emotivas de la Semana Santa del Bajo Aragón. Tras varios días de viento, la meteorología dio una tregua y el sol acompañó una jornada marcada por la tradición, el sentimiento colectivo y el inconfundible redoble del tambor.

    Desde primera hora, el centro histórico y la parte baja de la ciudad se llenaron de familias, grupos de amigos y tamborileros que aguardaban uno de los instantes más esperados del año. El sonido seco y vibrante de los tambores volvió a imponerse como seña de identidad de Alcañiz, en una celebración que congrega a generaciones enteras alrededor de una misma costumbre.

    La priora de este año, Yolanda Valles Casas, fue la encargada de pronunciar el pregón en un acto cargado de emoción. “Más que nervios, es emoción. Tener todos los tambores callados y poder dar el pregón es un momento muy emocionante”, señaló, recordando además el vínculo familiar que la une a esta tradición y dedicando el honor a su padre, prior del Santo Entierro, que a sus 95 años continúa participando activamente en la Semana Santa alcañizana.

    Tras la lectura, el silencio se rompió con el arranque simultáneo de los tambores, que resonaron con fuerza por toda la ciudad. El estruendo colectivo, compartido por niños, jóvenes y veteranos, volvió a convertir este momento en uno de los más intensos de la Semana Santa de Alcañiz y del conjunto del Bajo Aragón.

    El eco de los tambores seguirá acompañando a la localidad hasta el Sábado Santo, cuando se anuncie su cese. Hasta entonces, Alcañiz continuará viviendo una de sus tradiciones más arraigadas, símbolo de identidad, fe y continuidad en la comarca.

  • Carmen González: «Queremos involucrar a más jóvenes en la cofradía y que salgan en la procesión»

    La cofradía de las Esclavas de la Virgen de la Soledad estrenará nueva presidencia después de la Semana Santa, en un relevo que llega con la mirada puesta en reforzar la participación juvenil y garantizar el relevo generacional dentro de la hermandad.

    Carmen González, una de las voces más visibles de la cofradía, subraya que el objetivo inmediato es implicar a más jóvenes en la vida de la entidad y conseguir que se incorporen también a la procesión. «Queremos involucrar a más jóvenes en la cofradía y que salgan en la procesión», destaca.

    La hermandad afronta esta nueva etapa con la intención de mantener vivas sus tradiciones y de consolidar una base social más amplia, en un contexto en el que la implicación de nuevas generaciones se considera clave para asegurar el futuro de la cofradía.